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domingo, 10 de agosto de 2008

Polvo

Tengo alergia. No sé a qué, pero la evidencia es terminante: me lloran los ojos, siento que me creció un hormiguero adentro de la nariz y estornudo cada vez que puedo, con una sensación de alivio escatológico.

Tiene que ver con Londres, eso seguro. En ocho años de trabajo entre papeles del siglo XIX nunca sentí la más mínima comezón. Ni los famosos plátanos de Buenos Aires me hicieron su víctima por aquella época.

Espero que sea una cuestión veraniega, el polen de alguna planta en extinción o algo así. Llega a ser alergia al polvo y estoy frita. Londres es la ciudad más polvorienta que conozco (bah, tampoco conozco muchas). Un día le das a la gamuza con Blem como una maniática (biblioteca, muebles, puertas, gato), tres días después ya tenés una superpoblación de partículas instaladas de nuevo. Ocupas tenaces, que le dicen.

Supongo que el fenómemo tiene que ver con el ritmo de vida londinense, tan vertiginoso. Pero ni idea si es la polución o la gente, que se gasta más rápido acá.