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domingo, 12 de octubre de 2008

Triste descubrimiento acerca de la humanidad

Una de las cosas que descubrí cuando llegué a Londres, con este vergonzante balbuceo en inglés que llevo como una mochila, fue que la gente no se comunica: sólo quiere hablar. Aunque la mayoría de las veces no cazaba ni jota de lo que me decían, con mirar al tipo a los ojos y asentir con la cabeza, más algún que otro “ahá” o “I know”, listo el pollo.

Este triste descubrimiento acerca de la humanidad (sí, me encanta el tremendismo) por un lado me bajaba el nivel de estrés ante cada nueva situación comunicativa. Por el otro, me generaba un cuestionamiento incómodo: ¿yo también soy así? me preguntaba, con altas probabilidades de una respuesta afirmativa.

Debe ser el tipo de cosas que se mueven adentro cuando uno se mueve afuera, se traslada, emigra del lugar confortable, conocido. Debe ser.